Jóvenes cineastas de Los Ángeles graban cortos con poco presupuesto y muchas ideas

La directora Celine Gimpirea edita su corto The Box.

Estamos en Los Ángeles. Es una mañana de sábado del mes de noviembre. 10 alumnos del Hollywood High School capitaneados por Celine Gimpirea, de 17 años, están transformando un rincón del cementerio de Calvary en un set de rodaje. En su corto The Box, un chico caerá dentro de una caja de cartón y se verá transportado a otras dimensiones. Sobre la hierba verde y perfectamente recortada, las lápidas de granito negro se confunden con las fundas de transporte también negras de los equipos de edición técnica digital, los iPad y los MacBook Pro que darán forma a la historia.

El grupo de Gimpirea es uno de los tres equipos participantes en un taller de cine de un mes de duración que ha servido para conectar a los artistas del mañana con profesionales del sector creativo. Han tenido ocasión de utilizar potentes herramientas de Apple como ordenadores MacBook Pro, iMac y el software Final Cut Pro X, además de grabar con la cámara Raven de RED, y han trabajado junto a expertos de Apple Retail y del sector. El colectivo de cineastas independientes We Make Movies de Los Ángeles ha supervisado la posproducción para ayudar a estos realizadores a hacer realidad sus ideas.

El documental La Buena Muerte está producido por educadores de Mobile Film Classroom, una ONG que ofrece talleres sobre medios digitales a jóvenes de comunidades sin recursos. En la película, los realizadores reflexionan sobre la mortalidad y sobre los lazos familiares en torno al Día de los Muertos, la celebración mexicana que honra a los seres queridos que han fallecido. Y en The Dancer, la directora Krista Amigone se basa en sus experiencias con el teatro y las coreografías cuando vivía en Nueva York para contar una historia personal sobre una bailarina que se enfrenta al más allá.

En los trabajos de posproducción, que duraron dos semanas, los equipos pudieron trabajar con Creativos Pro de Apple Retail. También recibieron sugerencias de varios tutores e invitados sorpresa, todos grandes innovadores en los distintos campos de la producción para cine y televisión.

Uno de los primeros tutores en ver The Dancer fue Sean Baker, director de The Florida Project, nominada a los Oscar en 2017, y también de Tangerine, grabada en 2015 usando únicamente un iPhone 5s. Baker se encarga por sí mismo de la edición de sus películas, y se puso al mando del teclado del iMac para repasar las tomas de Amigone. Cada una de ellas contenía marcas de la app Movie Slate del iPad, que registra automáticamente los códigos de tiempo, lo que permitió sacar más partido a esta sesión única con el renombrado director. También pudo hablar con Amigone de su historia. Ella está dedicada a su hija de tres años, así que sabe cómo aprovechar al máximo el tiempo y los recursos. No solo ha hecho de guionista y directora, sino también de protagonista y coreógrafa en un auténtico baile de tareas.

Amigone también colaboró con Lionel Martin, Pro de Apple Retail y realizador como ella. Durante la posproducción, Martin experimentó con diversas tablas de color en Final Cut Pro X mientras Amigone le explicaba las sensaciones que quería transmitir en la escena en la que su personaje de la bailarina actúa para un pianista bajo los brillantes focos de un estudio de danza en Hollywood. Martin y Amigone ajustaron la paleta de color del realizador Art Chong y la diseñadora de producción Sapna Gandhi hasta encontrar el equilibro entre el escenario iluminado y las tomas contrapuestas del pianista en la sombra. «Esto funciona», anuncia Martin. «La luz de ella se refleja en él.» Y Amigone añade que los tonos dorados le recuerdan a Isadora Duncan, que bailaba usando su plexo solar porque es donde reside el sol.

La línea de tiempo magnética de Final Cut Pro X permitió reordenar y comprobar rápidamente las tomas.

Mientras en Los Ángeles lucía el sol, el equipo de La Buena Muerte trabajaba a las órdenes de la productora ejecutiva Manon Banta encerrado en sus sets de edición. La realizadora Elle Schneider había usado una cámara Raven 4.5K de Red para capturar con belleza caleidoscópica una gran cantidad de entrevistas y material de archivo, y la idea de revisarlo todo no era muy alentadora. Por suerte, los programas Shot Notes X y Lumberjack junto con la obtención de audio fuente secundario a través de Sync-N-Link X permitieron ahorrar días de sincronización manual.

Probablemente, la crítica más constructiva sobre la estructura de la historia vino de T. J. Martin, director de LA 92 y Undefeated, que ganó el Oscar a mejor largometraje documental en 2012 y que la directora Jean Balest ha usado como material de formación para Mobile Film Classroom. En mitad de una toma, a Martin le llamó la atención un aspecto del argumento que en su opinión estaba pidiendo pasar a un primer plano. La escena presenta a Tara Ramirez presidiendo un altar de arte conceptual junto a Lynn King, su madre, que revela que está lidiando con su propia muerte anunciada al haberle sido diagnosticado un cáncer en fase 4. «Me encantan las revelaciones», explicó Martin. «Quiero saber más de este bombazo que me acabas de soltar. ¿Cómo se puede transformar en historia?»

La tutora Valerie Faris hace hincapié en su punto de vista para Gimpirea durante el proceso de edición.

La repetición de tomas fue vital para The Box. El mundo de los sueños de Gimpirea, que menciona Inception de Christopher Nolan como una de sus fuentes de inspiración, necesitaba algunas aclaraciones. Gimpirea pudo escuchar a Valerie Faris, codirectora nominada al Oscar por Pequeña Miss Sunshine y La batalla de los sexos, que le aconsejó cómo grabar escenas explicativas. Faris animó a Gimpirea a mantener el foco en el joven protagonista durante sus viajes. «Su cuerpo y la perspectiva desde atrás cuentan muchas cosas», explicaba. «En cierta manera, me siento más cerca cuando lo acompaño desde atrás y veo lo mismo que está viendo él.»

El equipo de producción de The Box prueba las tomas en el escenario de grabación.

Gimpirea ha nacido para colaborar, algo que fue evidente durante la postproducción. A menudo se la veía acompañada de su equipo y de Antonio Manriquez, un profesor de producción de vídeo en Hollywood High reconocido como Apple Distinguished Educator. El grupo siempre contaba con Kais Karram (director adjunto) y con su hermano gemelo Zane (realizador), que además son capitanes de los Sheiks, el único equipo de instituto de fútbol americano nombrado en honor a una película de Rudolph Valentino. Las cualidades físicas y las dotes de mando de estos hermanos fueron de gran valor en el rodaje, sobre todo durante el día de grabación en Griffith Park, donde realizaron varios travellings de seguimiento al protagonista Aaron Bradshaw mientras recorría rápidamente una acera de la que habían hecho salir a los viandantes. «¿Has visto lo verde que parece todo con esa cámara?», preguntaba Kais repasando el material entre tomas con su MacBook Pro. «Es un color muy intenso.»

La elección de la música fue crucial, sobre todo en el caso de Amigone. Para el tema principal, quería algo que recordara a «After the Rain» de John Coltrane y a «Claro de Luna» de Claude Debussy. Optó por un nocturno original de John Mickevich, un compositor y compañero del colectivo We Make Movies. Sam Mestman, fundador y consejero delegado, dice que el grupo es la primera compañía de producción del mundo que usa financiación comunitaria. Mestman también es consejero delegado de LumaForge, desarrolladores de Jellyfish Mobile, una «nube portátil» como él la define, y que junto a dos MacBook Pro fueron los encargados de almacenar de forma segura las grabaciones de Amigone en las distintas localizaciones y mantenerlas sincronizadas. Mestman cree que «la posedición debería hacerse en el set de rodaje» y que la automatización da más posibilidades a los jóvenes cineastas. La prueba: medio día de trabajo del equipo de edición se pudo completar antes incluso de terminar de grabar la escena del estudio de danza.

El director Aaron Kaufman da consejos a Balest durante la edición de La Buena Muerte.

En su visita como tutor, Aaron Kaufman, director y compañero de producción de Robert Rodriguez desde hace tiempo, animó a los participantes a no preocuparse por descartar tomas en beneficio de la historia. Al equipo del documental le vino muy bien este consejo, y también a Gimpirea, que eliminó de su película una escena entera del cementerio de Calvary.

Con el proyecto tocando a su fin, Gimpirea reflexionaba sobre su experiencia. «Saber todas las posibilidades que tengo ahora en posedición me permite plantearme la producción y la preproducción desde un punto de vista totalmente distinto y elegir con más precisión lo que quiero», concluía.

James Hughes es escritor y editor y reside en Chicago.

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